CEUTA, España.- Con camisetas sucias, cientos de menores no acompañados durmieron al aire libre el fin de semana, en un polígono industrial en desuso de Ceuta, tras haber cruzado a nado desde Marruecos hasta el territorio español. Varios adolescentes que vagaban entre las paredes rojas y amarillas de los almacenes abandonados contaron a un periodista que apenas habían comido en cuatro días.

Forman parte de las decenas de miles de migrantes que cruzaron a Ceuta, la mayoría a nado rodeando el pequeño puesto fronterizo que se adentra en el mar Mediterráneo, en una oleada sin precedentes que desencadenó una crisis europea.

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La mayoría de los recién llegados han sido devueltos a Marruecos, pero algunos de los más jóvenes se han quedado. Dicen que su objetivo es llegar a Europa continental.

“¡Marruecos, no! España”, gritaban varios de ellos, y explicaban por qué habían realizado la peligrosa travesía marítima.

Uno de ellos se agarró el escudo de su camiseta roja de fútbol española y gritó: “¡Viva España!”. Otro se acercó con insistencia y dijo que tenía 14 años y que había venido solo, sin adultos. Señaló un montón de basura y cajas de cartón sobre el suelo de hormigón donde duerme.

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En el interior de un almacén que apestaba, los menores caminaban por un suelo cubierto de agua y barro. Algunos se duchaban con una única manguera. Otros dormían en las veredas. Uno de los chicos, que dijo tener 17 años, señaló una estructura improvisada hecha con barras y palets donde él y sus amigos dormían.

Bajo protección

No se veía a ningún agente de policía ni a otras autoridades en el lugar. Solo unos guardias de seguridad privados que bloqueaban el acceso a un almacén, en el que se cree que se alojan otros jóvenes migrantes.

Un cartel en ese edificio indicaba que estaba gestionado por la Fundación SAMU, una organización humanitaria, y por el gobierno regional de Ceuta. Los trabajadores de ese centro se negaron a hacer declaraciones.

En otras zonas de la ciudad vallada, soldados españoles condujeron a cientos de migrantes más, en su mayoría hombres jóvenes y adolescentes, a través de las calles bordeadas de palmeras de Ceuta hasta la frontera para que regresaran a Marruecos. El artículo 35 de la Ley de Extranjería de España establece que, cuando la policía identifique a un migrante indocumentado y no acompañado del que se sospeche que es menor de edad, este deberá recibir “la atención inmediata que precise” de los servicios de protección de la infancia. Posteriormente, los tribunales deciden si un menor puede ser devuelto a su país de origen en función de las circunstancias familiares.

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Uno de los pocos adultos que se encontraban a la sombra de los almacenes, Aziz Dabch, de 41 años, declaró, en un francés entrecortado: “todos los niños de aquí quieren ir a España” continental. Vino de la ciudad marroquí de Kenitra junto con su mujer y sus dos hijas.

“Nadie” se ocupa de los menores no acompañados, afirmó su hija de 17 años, sentada a su lado. “No hay comida. Hoy no hemos comido”, declaró.

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Una mujer de 45 años se refugiaba en las inmediaciones, con el rostro enrojecido por el sol. “Hay muchos menores. No veo a nadie que se ocupe de ellos”, señaló. No quiso identificarse porque está en situación irregular tras haber cruzado a nado a Ceuta con su marido y su hija. “Hay una falta de higiene catastrófica: olores, basura”, declaró.

“Queremos llegar a España y trabajar allí, debido a la pobreza” que hay en Marruecos, afirmó la mujer, procedente de Tánger.